ÉRASE UNA VEZ UN MUNDO … DONDE HABÍA FUTURO

Y el naufragio era una realidad lejana. Acaso,
desde la tierra firme de infinitos sueños,
no te alegraba el espectáculo de la ruina del otro,
sino la distancia de una suerte semejante.
Pero los sueños que habían sido amasados
con el sudor del propio esfuerzo se disiparon,
y la tierra firme dio paso a la inconsistencia del mar,
y fui el espectador de mi propio naufragio.

SIN EMBARGO NO ESTUVO TODO PERDIDO …

Porque, aunados en una pobreza común,
esperábamos contra toda esperanza
la presencia de una mano amiga que exorcizara
nuestros fantasmas de miedo y absurdo. Surgió
así la necesidad de negarse a la deriva,
de resistir al hundimiento, de cantar
contra la desdicha…; la loca idea de construir una nave
con los restos de nuestro fracaso. Sólo cuando
no fuimos espectadores distanciados brotó en nosotros
la serena certeza de que todo en ti… no fue naufragio.

Serafín Béjar